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Una vez más frente a esta hoja de papel en blanco.

Mientras pienso en esos pozos ciegos que tanto me asustaban

Y en los que hoy, me tiro de cabeza porque sé, me esperas en algún lado

Cada día me esperas –en nuestra casa, en nuestra cama, en esos restaurantes donde adoramos chocar copas de vino-

Después de tantos años desconfiando de mí y de todos

Queriendo siempre en secreto y escondida por los rincones

Apostando a lo que no debía

Escribiendo poemas inútiles que nada tenían que ver con el amor

¿suena trillado lo que viene? Llegaste.

Y dijiste a la mierda el miedo,

Al carajo los tiempos socialmente aceptados para hacer cosas

Tiraste por la borda todos mis prejuicios, mis preocupaciones,

Mis ‘es muy rápido’, mis miedos de arruinarlo todo

Yo me pregunto dónde aprendiste a querer así, de esa forma

De la que todos me hablaban

Y de cuya existencia yo dudaba, creyendo erróneamente que el amor es siempre estar nervioso y amando con culpa

Y dar todo aunque no te den nada

Y chocarse con paredes y que duela tiempo infinito

Y que las sonrisas se las invente uno mismo, porque de algo se tiene que agarrar;

Porque todo ese amor triste y solitario se tiene que justificar.

Y ahí viniste con ese amor sano del que habla la gente buena

Te sentaste al lado mío a explicarme que lo que yo tenía era terror

Que el corazón se tiene que sentir a salvo si es amor, y si tiene miedo y está enfermo es otra cosa

Y que los pozos dan miedo, sí

Y que el futuro es incierto y lo que no controlamos nos aterroriza

Pero que al carajo, -dijiste otra vez-

Porque si nos metemos de lleno los dos juntos

En esos pozos, en esos futuros, en esas incertidumbres

El miedo y las preocupaciones

Se van a cambiar el nombre,

les vamos a decir

Aventuras.

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