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martinatolosa

martinatolosa en Martina Estuvo Aquí 12 de Setiembre de 2017

el desarraigo une

Lucía apoya el mate hervido en la mesa, resignada. Es de las que piensan que cuando el agua se hierve, hay que tirarla y calentarla nuevamente.

“Lo más difícil fue el primer año. Lloraba todos los días” –dice y revolea los ojos como recordando aquellos 11 meses que parecieron 20-. “Imaginate venir de una ciudad donde se conocen todos y podes caminar hasta tu casa a las 4 de la mañana, y después mudarte acá sola, que si te pasa algo nadie se entera, a nadie le importa, nadie te conoce”. Ya no se la ve afectada. Hace  cinco años que vive en Buenos Aires y estudia para ser diseñadora. Ahora tiene amigos. Ahora ya no necesita la Guía T porque recuerda a dónde van la mayoría de las líneas de colectivo, y sabe que caminar por Plaza Italia sola a las cinco de la mañana no es la mejor idea del mundo. “Volver es lo peor, siempre. A veces pienso que no tengo que ir más a Madryn, porque esos pocos días que paso ahí estoy pensando todo el tiempo en que se acerca la hora de volver a la ciudad”.

María también es de Puerto Madryn, y lo dice orgullosa cuando los docentes de la facultad se lo preguntan. Estudia Publicidad en la Universidad de Palermo y se hizo una amiga que también es del Sur: Bariloche. “El desarraigo une” –dice- “Una vez lloraba porque extrañaba a mis papás, el primer año, y mi mamá –que tenía el número de Agustina, mi amiga- la llamó para que venga a mi casa. Corté el teléfono con mi mamá después de llorar veinte minutos seguidos y me tocó la puerta Agustina, que había pasado ‘justo por ahí con el perro’. Yo supe enseguida que mi mamá la había llamado”. Dice que lo más difícil, además del primer año, es no poder irse los fines de semana largos. “Son tres días, y paso dos viajando. ¿Para qué?”.

Apaga la tele, que estaba prendida desde que se despertó. Dice que el sonido la hace sentir menos sola. Justo llama su papá; todos los días la llama, para sentirse cerca, para saber qué hizo ese día, para cerciorarse de que todo está bien.

Corta el teléfono después de unos minutos, no sin antes decir “Un beso pá, ya falta menos”.

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