Bebé Blas

Las aventuras de una tía de estreno.

"Te dejo los pañales, y esta mamadera por sí le da hambre"

Así empezó mi primera experiencia como niñera de mi sobrino Blas. Mi hermano cerró la puerta, y Blas y yo nos miramos fijo, como si anticipáramos que aquella situación se convertiría en un desastre. Ante la partida de mi hermano, Blas empezó a llorar cómo marrano y yo busque indiscriminadamente objetos para entretenerlo. Claro qué el hallaría su propia forma de divertirse: romper mis apuntes de la facultad.

¡¡¡¡¡¡¡BLAS!!!!!!! Grite desesperada. Pero ya era tarde. Teorías y prácticas de la comunicación estaba partido en 5 pedacitos tirados por el suelo. "Bueno -pensé- creo que nada peor que esto puede pasar"

Mientras levantaba mis apuntes descuartizados, Blas corría por la sala tirando objetos varios hasta que se tropezó con 4 macetas, las cuales volcó en el acto. Como siguiente paso, comenzó a tirarse la tierra encima. A la par que yo me daba cuenta de que mi departamento no era un sitio para nenes de 1 año, Blas examinaba la sala en busca de más cagadas por hacer.

Cuando lo note entretenido con una zapatilla, recordé que mis plantas necesitaban agua. Enseguida busque un vaso, salí al balcón, y entorne la puerta corrediza para que no saliera. Me asustaba la combinación bebe revoltoso- balcón del tercer piso.

Cuando regaba mi planta nueva, escuche un sonido. Algo como un BUM. Mire para atrás, y vi algo peor que todo lo imaginable: ojalá Blas hubiera roto todos mis apuntes facultativos, ojalá hubiese tirado 10 macetas, ojalá me hubiera dado vuelta el departamento. Pero no. Blas había cerrado la puerta del balcón.

Me pegue a la ventana como los bichos en verano. Blas me miraba desde adentro, muriendo de risa, como si fuera totalmente consciente de la cagada que se había mandado esta vez. Como si en realidad fuera el alma de mi hermano, jodiendome, poniéndome a prueba como niñera. Como si un equipo de bromistas fueran a salir de su escondite.

Empecé a forcejear con la puerta como si por arte de magia o de todos los dioses pudiera abrirse. La puerta no se movía, y yo empezaba a ponerme nerviosa. Cuando Blas se percató de que pasaban los minutos y yo no entraba al departamento, rompió en llanto desconsolado, y yo también. Se supone que en esas situaciones el adulto tiene que tomar el control pero la puta madre, tenía encerrado sólo en el departamento a un bebé de 1 año. Mi madurez se había ido al carajo.

Desde el balcón, grite a una mujer que pasó que por favor llamara al encargado, porque me había quedado encerrada. A los minutos, volvió para decirme que el encargado ya subía con la llave.

ALELUYA, la pesadilla se iba a terminar. Mientras vigilaba que Blas se quedara donde pudiese verlo, ojeaba la puerta esperando que el Encargado Salvador entrará a auxiliarme. Y después pensé... "No entiendo. Si no le di una llave, ¿¿cómo va a poder entrar??"

Parecía qué el destino se me cagaba de risa. Empecé a escuchar gritos desde abajo y era el encargado, diciéndome que no tenía llave y que ahora llamaría a mi mama. Sólo que ella tampoco tenía. El único era mi novio Mariano, que estaba en la otra punta de la ciudad.

"Ahora llamo a tu vieja Martina, no te preocupes" gritaba el encargado, tres pisos más abajo.

"Bueno dale por favor, decile que se apuré que tengo el bebe adentro -dije preocupada. Acto seguido, se me nubló la vista, - Y QUE ESTA LA ESTUFA PRENDIDA"

El encargado corrió a llamar a mi mama -quien llamaría a Mariano- para que viniera a salvarme. Me quede pegada a la ventana mientras Blas me miraba haciendo puchero desde adentro. Y rompió en llanto otra vez. Comencé a observar como poco a poco Blas forcejeaba con la puerta, y le hice señas -sin esperanza alguna- para que bajará la manija, así yo podría correr las puertas.

Pasaban los minutos sin éxito. Blas no comprendía la función de la manija. Ni siquiera posaba sus manos sobre ella. Pero seguí insistiendo, porque a lo mejor, la puerta se abría y yo podría entrar.

A los 5 minutos de intentarlo, Blas puso sus manos sobre la manija y yo comencé a hacerle señas desesperadas y más efusivas para que la bajara. Y, luego de 3 intentos consecutivos, FUNCIONO. Blas hizo descender la manija y yo deslice las puertas corredizas hacia los lados para poder pasar. Alce a Blas y lo abrace como si no hubiese visto un ser humano en 10 años. Me disculpe, no importaba que no comprendiera mis disculpas. Yo era la peor niñera nacida en este mundo y mi sobrino el bebe más inteligente.

Finalizados esos minutos de exasperación, dormimos la siesta abrazados. Para todos los demás, pasamos una gran tarde jugando con sus autitos.

Para mí y para él, fue la tarde en la que nos dimos cuenta de que es un bebe súper héroe, porque me salvo de todos los comentarios de la familia que dejarían en manifiesto lo mala niñera que es la Tía Martina.

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